RIMA I

lunes, 3 de febrero de 2014

Quemó la vida sin dejar huella
en ella, sólo cicatrices;
sus finales sin perdices,
sin leve polvo de estrella.

Odió como nunca quiso a nadie;
amó sin saber dónde va el acento;
arquitecto de momentos,
le puso valor al aire,
oxígeno de mil lamentos.

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