BESTIAS

lunes, 3 de febrero de 2014

- De la inseguridad brota
la hiriente duda,
duda que hiende cual puñalada.
La duda que engendra palabras
dañinas, ácidas, crudas.

- ¿Y la inseguridad
dónde germina?

- Prospera allá donde el horizonte
es anulado por bancos de niebla,
niebla que mina una esperanza marchita
que aún nutre a dos anhelantes corazones:

Entre toda esa bruma,
se alzan orgullosas dos alcazabas
-antiguas e invictas-
como el sentimiento que embarga
a los que entre sus muros se ocultan.
Rugen -lacónicas- dos bestias,
lloran la lividez de su rosa,
cada pétalo ultrajado,
cada espina que atraviesa
el alma de su contrario.

Una de las criaturas,
de bella crin azabache,
con dos estrellas por ojos,
de garras hechas de sables,
astuto, bizarro, ladino
presume de fuerza y arrojo
donde confluyen los mares:
Es la Bestia del Camino.

La otra, olvidada en la serranía,
desangra con cada gañido.
Es la Bestia de Hibernalia,
atenta, menuda y zafia,
de pálido manto y afilado colmillo.
Temerosa, torpe y fría,
lanza sus voces al aire
al amparo de su castillo
como saetas desesperadas
a la Bestia del Camino.

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