Cuando mis días acabe
quiero yacer tranquila
repartida en mil lugares.
Mi higado lo cedo a los bares.
Mis secretos bajo llave.
Mi espalda cosida a puñales
se quedará en tu matadero,
matadero clandestino.
Mi voz se apagará,
sin mostrarte tu camino.
Mi piel que sirva de abrigo
a cualquiera que tenga frío.
Mi risa
para quien la halla perdido.
Mis pulmones,
carbón en tu cenicero.
Mi corazón en un vertedero.
Mi alma ardiendo
en este jodido infierno.
Mi cerebro a tu causa,
o a la mía,
no recuerdo.
Mi lengua que la empleen
para hacer un potente veneno.
¡Al rico arsénico, oiga!
Mis uñas
-si las tuviera-
clavadas en tus posaderas.
¿Mis versos?
¿Quien pregunta?
Mis versos para quien los lea.
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