Con vistas a una ventana de cristal líquido
acecha sin reparo mi consuelo colorista,
las oscuras hormigas de la desvelada lívido
llenan la testa calada de una bestia arisca.
Sopla el café una luna con doble jornada,
con su corazón encendido entre los pliegues,
se desbordan las estrellas por la cañada
y vocean sus destellos trás las sienes.
Recostadas las llanuras de piel animal,
suscitan horizontes de mares convulsos,
incitan mil mordiscos a dunas de arena;
Un fuego lame agónico a su fiel secarral,
cegando al zorro rojo víctima del impulso:
ya escapan los conejos de la madriguera.
lunes, 3 de febrero de 2014
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