El cowboy olvidó sus botas en el infierno,
la criatura celestial resultó ser un ángel caído.
Sus trastes rezan una canción al olvido,
ella peina sus alas con los hielos del invierno.
Palabras vacías, corazones raídos,
ciencias ocultas, ilusiones malheridas,
paciencias agotadas, espacios vacíos,
en este infierno de escarcha.
¡Arda el verso! ¡Muera la poesía!
¡Que brille por su ausencia aquello que poseía!
Se largó con la música a otra parte,
y el ángel detuvo en seco su vuelo
para mirale por última vez desde el cielo:
brotaron invisibles lágrimas de duelo.
Recuerdos mudos, jirones de sueños,
sonrisas torcidas, terrores nocturnos,
historias descartadas en esta casa de empeño,
en estos vuelos suicidas.
¡Arda el verso! ¡Muera la poesía!
¡Que brille por su ausencia aquello que poseía!
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